¿Por qué los niños y niñas aprenden jugando?
- Camila Garay (Educadora y CEO)

- 27 jul
- 3 min de lectura

Jugar es participar activamente
Aprender no consiste solo en recibir información. Los niños y niñas necesitan interactuar con su entorno: tocar, mover, comparar, equivocarse, repetir y descubrir relaciones.
Por ejemplo, mientras construyen una torre, pueden explorar el equilibrio, anticipar resultados y cambiar de estrategia cuando la estructura se cae.
Al jugar a la tienda utilizan su lenguaje, exploran con cantidades, ponen en práctica turnos y acuerdos sociales.
Cuando inventan una historia, organizan acontecimientos, expresan emociones y consideran diferentes puntos de vista.
El valor no está únicamente en el juguete, sino en todo lo que ocurre durante la experiencia.
Las investigaciones sobre aprendizaje infantil destacan especialmente las actividades en las que los niños participan activamente, mantienen su interés, encuentran un significado y pueden interactuar con otras personas.
El juego pone en práctica habilidades importantes
Durante el juego los niños y niñas desarrollan habilidades como:
Mantener la atención y utilizar la memoria;
esperar y respetar turnos;
controlar respuestas impulsivas;
adaptar sus ideas cuando algo no resulta como esperaban;
planificar acciones y seguir una secuencia;
expresar sus necesidades y emociones;
resolver desacuerdos y buscar soluciones;
crear historias, símbolos y nuevos significados;
coordinar movimientos y fortalecer sus habilidades motoras;
participar activamente en una actividad de su interés.
Muchas de estas habilidades se relacionan con las funciones ejecutivas, que permiten organizar el pensamiento y la conducta de acuerdo con una meta. Los juegos con reglas, la construcción, el movimiento y la representación de situaciones cotidianas ofrecen oportunidades naturales para practicarlas.
Esto no significa que cada momento de juego deba convertirse en una clase. Parte de su valor se encuentra precisamente en la libertad para elegir, imaginar y experimentar.

Juego libre y juego guiado
No existe una única manera correcta de jugar. Podemos pensar en un continuo que incluye diferentes experiencias.
Juego libre
El niño o niña elige qué hacer, cómo utilizar los materiales y cuándo modificar la actividad. La persona adulta prepara un espacio seguro, observa y acompaña sin controlar el desarrollo del juego.
Juego guiado
Existe un objetivo o una idea propuesta por la persona adulta, pero se conserva la participación activa y la posibilidad de decidir.
Por ejemplo, podemos entregar figuras geométricas y preguntar: “¿Podríamos construir una casa utilizando estas piezas?”. Hay una invitación, pero no una única respuesta correcta.
Juegos con reglas
Incluyen acuerdos más definidos, como esperar turnos, seguir una secuencia o alcanzar una meta. Las reglas pueden adaptarse según la edad y las formas de participación de cada persona.
La investigación sobre juego guiado ha encontrado beneficios en algunos aprendizajes, especialmente en áreas como las matemáticas iniciales, el vocabulario espacial y la flexibilidad para cambiar de tarea. Sin embargo, los resultados varían según la actividad y no significa que el juego guiado deba reemplazar al juego libre.

¿Cuál es el rol del adulto?
Acompañar el juego no significa dirigir permanentemente. Algunas acciones sencillas pueden enriquecer la experiencia:
Observar antes de intervenir
Esperar permite descubrir qué está intentando hacer el niño o niña y qué significado tiene el juego para él/ella.
Hacer preguntas abiertas
En vez de preguntar “¿qué color es este?”, podemos decir: “¿Qué podríamos hacer con estas piezas?” o “¿Cómo lograste que no se cayera?”.
Describir lo que ocurre
Frases como “pusiste la pieza grande abajo” o “probaste otra forma” ayudan a incorporar lenguaje sin transformar la actividad en una evaluación.
Dar tiempo para resolver
No es necesario corregir inmediatamente. Probar alternativas y encontrarse con pequeños desafíos forma parte del aprendizaje.
Seguir sus intereses
Si un niño está interesado en animales, vehículos, cocina o espacio, esos temas pueden convertirse en puertas de entrada para contar, clasificar, leer, crear historias o investigar.
Jugar para descubrir y explorar, no para rendir
Cuando el juego se llena de instrucciones, resultados esperados y correcciones, puede perder parte de su carácter exploratorio. Una propuesta educativa puede tener intención, pero debería conservar espacio para la curiosidad y las decisiones del niño o niña.
En ExploraKit creemos en materiales abiertos, versátiles y adecuados para distintas formas de aprender. Recursos que no entreguen todas las respuestas, sino que inviten a preguntar, imaginar, construir y volver a comenzar.
Porque cuando un niño juega no está dejando de aprender. Está aprendiendo de una manera profundamente activa, personal y significativa.
.png)

Comentarios